BREMEN

BREMEN

Hola,

Es pleno mes de agosto, como ahora. Pero de mediados de los años 60 del siglo pasado. Es domingo por la tarde en la autopista entre Fontainebleau y París y se forma un descomunal atasco no se sabe muy bien por qué. Así arranca el cuento «La autopista del Sur», de Julio Cortázar.

 

El caso es que en ese embotellamiento que dura varios días, las personas organizan una microsociedad primitiva en la que se desarrollan simultáneamente todos los comportamientos que nos caracterizan. El amor, el odio, el compañerismo, el apoyo mutuo, la solidaridad, el desprecio, la desconfianza, etc., todo para tratar de organizar ese embrión de sociedad para que funcione correctamente.

 

Sin embargo, el atasco concluye y todo vuelve de pronto a la rutina anterior, a lo cotidiano, lo previsible. El atasco cortocircuitó el modelo de vida inmisericorde en el que vivimos, y obligó a recomenzar de nuevo, atendiendo a lo más básico e importante. Obligó a rediseñar las prioridades.

Nuestro «Te cuento…los músicos de Bremen», tiene algo del espíritu de ese embotellamiento gigantesco de Cortázar.

 

Manuel Rivas se inspira en «Los músicos de Bremen» para contar precisamente la increíble historia de Bremen, un músico disfrutón y solidario que tuvo la oportunidad de visitar (a la fuerza) al enigmático y lejano planeta Rat-Mazón…, y lo que aconteció después fue prodigioso, pero no podemos desvelarlo aquí…

 

Y como sabes, en la colección «Te cuento…» confrontamos un relato literario con un relato visual que se acompañan pero que no se ilustran mutuamente, así que en este caso Clemente Bernad nos muestra en fotografías la ecoaldea de Lakabe, en el prepirineo de Navarra, un lugar mágico a escala humana en el que apenas varias decenas de habitantes llevan ya más de 40 años (es la ecoaldea decana del Estado español) tratando de organizar un proyecto de vida colectivo, colaborativo e integrado plenamente en el entorno natural, proponiendo un ritmo vital alejado del vértigo capitalista que nos arrastra sin remedio. Nutriendo la utopía, caminando la autogestión.

 

«(…) y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia delante». Así termina el cuento de Cortázar.

 

Bremen y Lakabe nos enseñan que necesitamos soltar amarras con el capitalismo salvaje. Autogestionarnos, decrecer, apoyarnos unxs a otrxs. Porque a este paso, allí «adelante, exclusivamente hacia adelante» probablemente ya no habrá nada.

 

Salud.

 

PD. A 7 km en línea recta de Lakabe se encuentra la presa del embalse de Itoiz, cuya construcción generó una enorme polémica en Navarra. Itoiz supuso la despoblación de dos valles y siete pueblos, así como la desaparición de tres reservas naturales y dos Zonas de Especial Protección de Aves (ZEPA). El agua embalsada ha pasado a estar privatizada y el modelo social y económico que impuso la Administración fue el que otorgaba a las grandes empresas los mayores beneficios, contra la opinión de tantas y tantas personas que defendían un modelo más respetuoso con el territorio y sus gentes.

Hubo quienes se opusieron a la construcción del embalse mediante la acción directa, como el grupo Solidarixs con Itoitz, que llegó a cortar los cables que alimentaban de hormigón la construcción de la presa, paralizando la obra durante varios meses. Pero esa es otra historia (aunque por cierto, en nuestro último libro, «Cerca de aquí / Hemendik hurbil», puedes encontrar una fotografía de Clemente Bernad del momento del corte de los cables).

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