La menopausia ha sido durante siglos un territorio silenciado: un hueco en el relato donde las mujeres desaparecían entre vergüenza, chistes malos y diagnósticos condescendientes. Este libro abre esa puerta a patadas. Habla claro. Nombra. Discute. Y hace visible un proceso que no es decadencia ni retirada, sino una transformación que merece ser comprendida con seriedad, pero también con humor.
Inma Luna escribe desde el cuerpo que cambia y desde la confusión que producen esos cambios, pero también desde la lucidez que llega cuando una deja de responder a papeles heredados. El climaterio no como final, sino como otro territorio vital: incómodo a veces, revelador casi siempre, y profundamente político.
Las fotografías, autorretratos que registran sofocos, dudas, cansancio, belleza y resistencia, dialogan con el texto sin metáforas vacías: muestran lo que rara vez se muestra y cuestionan lo que damos por hecho. Como insinuaba Susan Sontag, toda imagen es una forma de conciencia: una manera de afirmarse y de no dejar que otros miren por nosotras.
Este no es un libro para dramatizar ni para edulcorar. Es un libro que acompaña. Que aporta lenguaje donde antes había silencio y que señala lo obvio: la mitad de la población vive este tránsito y, aun así, seguimos sin hablar de él como merece.
Una obra necesaria para quienes están, estuvieron o estarán en esta frontera corporal y simbólica, y para cualquiera que quiera comprender una transformación tan universal como humana.
SOBRE LAS FOTOGRAFÍAS
Simone de Beauvoir decía que la mujer aprende a verse siempre a través de la mirada ajena. Inma Luna propone, en cambio, unas imágenes que reclaman la posibilidad de mirarse sin testigos, de recuperar la propia imagen como un territorio íntimo y verdadero. Los retratos del libro funcionan como un espejo que no devuelve una forma fija, sino un reflejo en movimiento: el rostro y el cuerpo de una mujer que se busca mientras cambia.
Sabemos lo difícil que es sostener esa mirada hacia una misma: no es solo enfrentarse a lo que vemos, sino a lo que tememos ver. Alejandra Pizarnik insinuaba que el espejo nunca devuelve una sola figura, sino un temblor. Esa vibración aparece aquí. Hay un coraje en fotografiarse así, sin escudo ni pose, confiando en la luz justa para no esconderse. Inma Luna se fotografía con la misma sinceridad con la que escribe.
En el libro, la autora cita a Yayoi Kusama y sus Infinity Mirror Rooms, donde el reflejo se multiplica hasta el vértigo. Kusama habla de auto-obliteración: disolver el ego para conectarse con algo más amplio. Los autorretratos de Inma Luna, sin buscar desaparecer, comparten esa expansión: cada encuadre es ella, pero también la otra que emerge en el tránsito.
Y quizá hay algo de aquel espejo de la casa de su abuela, ese juego infantil de reflejos infinitos, en estas imágenes: la intuición de que una mujer puede ser muchas a la vez, y que fotografiarse es, también, una forma de recomponerse.
Tamaño 21 cm x 14 cm
Páginas 176
Encuadernación Rústica
Diseño y maquetación Dabuten
Impresión Bizzolis Arte en Gráficas
Edita Alkibla
ISBN 979-13-991028-0-2
Dep Legal DL NA 381-2026
Precio 20 €