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Malika Laaroussi murió en la noche del 22 de abril de 2004. Tenía 22 años. Arribó hacia las dos o las tres de la madrugada a la playa de La Chucha, en Carchuna, término de Motril, provincia de Granada, y falleció según el informe de la autopsia del Instituto de Medicina legal de Granada que figura en las Diligencias Previas Nº 405/04 del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Motril, por asfixia como causa inmediata y sumersión como causa fundamental. Su cuerpo quedó tendido en la arena, junto a una embarcación neumática.

Pero nunca sabremos exactamente qué sucedió esa noche en aquella oscura playa. Puede que la patera en la que viajó durante cuarenta y ocho horas desde Hoceima volcase y ella se ahogase al intentar alcanzar la costa. Puede que sus propios compañeros la pisoteasen durante el desembarco. Sabemos muy pocas cosas. Siempre se saben pocas cosas. Las notas periodísticas de esos días se hacen eco de ciertos informes de la Guardia Civil, pero eso no es demasiado fiable. Las versiones oficiales son sólo eso, versiones. La verdad de los hechos es harina de otro costal. Y después, el silencio. Nadie sabe, nadie habla, nadie recuerda.

Pero el cuerpo de Malika estaba allí, real, sobre la mesa de autopsias de la funeraria Sefuba, en Los Barrios. Claro, suave, luminoso, casi cálido, bajo una sura del Corán. Allá, en su piel, volví a ver el relieve de la playa de La Chucha, como si los dos paisajes se fundiesen en uno solo, como si se disolviesen en un radiante mar de luz. Allá, en su piel, se podía sentir su belleza, los susurros ahogados de Mouna y de Salah -sus padres-, cuando abandonó la casa familiar, se podía sufrir la furia del agua y del viento en la inestable patera rumbo a la parpadeante lucecita del faro de Sacratif.

Este trabajo fotográfico comienza acariciando su luminosa piel y nos cuenta su triste viaje de retorno hasta Kashba Tadla, en Marruecos, de donde salió en busca de una vida mejor. Al llegar el furgón tras una larga noche de viaje, todo se derrumbó. Las lágrimas, los gritos, la enorme pesadumbre, las caras de todos y cada uno de los que en aquel injusto ritual nos movíamos como marionetas borraron la asepsia de los informes policiales y de las gélidas notas de prensa.

En el cementerio, las piedras que con un ritmo cansino fueron cubriendo poco a poco el cuerpo de Malika hasta formar un pequeño túmulo me devolvieron bruscamente a La Chucha. Por un momento creí encontrarme allá, en silencio, tratando de sentir todo lo que pasó aquella negra noche. Después, otra vez el silencio.

Malika tenía un sueño, pero no pudo hacerse realidad. Que la tierra le sea leve. Ahora forma parte de la terrible y vergonzosa pesadilla del estrecho.

FICHA DEL LIBRO

Tamaño 17,7 cm. x 24 cm.

Tirada 1000 ejemplares

Encuadernación Rústica

Nº de fotografías 49 fotografías en color y 51 fotografías en B/N

Diseño EIDE Estudio

Impresión Castuera

ISBN 84-609-2496-3

Dep Legal DL NA 2672-2004

Precio 10 €